El Movimiento Agrario Misionero en los años setenta. Protesta, movilización y alternativas de desarrollo rural - Parte 1

En la provincia de Misiones, así como en el resto de las provincias del nordeste argentino, asistimos en la primera mitad de los años setenta a la aparición de un movimiento agrario de pequeños y medianos productores que comenzaron a movilizarse en defensa de lo que ellos consideraban sus derechos, en el contexto de un capitalismo argentino en transformación hacia lo que luego se identificó como “política de apertura económica”, que implicaba, entre otras cosas, una profundización de la crisis en las economías regionales que recaía sobre la clase obrera pero también sobre los estratos más bajos de la burguesía agraria e industrial. El Movimiento Agrario Misionero, tal el nombre del movimiento principal que emerge en 1971, se constituye en el referente provincial de lo que fueron las Ligas Agrarias del Nordeste (1) , que constituyeron, sin lugar a dudas, la máxima expresión de la lucha social en el ámbito rural en esa década en la cual parecía estar muy cerca el camino definitivo hacia la revolución social.

Además de las diferencias y particularidades estructurales de la economía misionera en relación con las otras provincias del nordeste, el MAM constituyó el único movimiento agrario regional que aún hoy persiste como tal, siendo además por aquellos años el único integrante de las Ligas Agrarias que tuviera a su vez desprendimientos que dieran lugar a la creación de otros movimientos agrarios dentro del ámbito de una misma provincia.

El contexto socio-económico en Misiones

Al adquirir Misiones su autonomía hacia 1881, pues dependía económica y administrativamente de Corrientes, comienza un proceso de distribución de la tierra (que estaba fundamentalmente en manos del Estado desde la expulsión de los jesuitas) que genera una reactivación de los obrajes y los yerbales naturales. Hasta 1920 se da un proceso de fuerte expansión agrícola llegando a más del 20% de la superficie total de la provincia. La ley de colonización de 1882 por la cual los lotes serían de entre 25 y 400 hectáreas complementada con la ley Avellaneda de inmigración y colonización irán conformando la estructura socio-económica y poblacional que caracterizará a la provincia hasta la actualidad. En 1897 se lleva a cabo la primera experiencia con inmigrantes polacos (colonias de Azara y Tres Capones) y en 1919 se inicia la colonización privada con inmigrantes alemanes que creará la colonia de El Dorado. Esta inmigración que se asienta en general en pequeñas y medianas extensiones se sitúa en general en el centro sur del territorio provincial quedando el norte mucho más despoblado y con la presencia mayoritaria de grandes extensiones. Hasta mediados del siglo XX, el crecimiento de la superficie cultivada y de la frontera agrícola continua un proceso acelerado, creciendo casi en 6,5 veces la tierra dedicada a la agricultura, sobre todo a los cultivos industriales que definirán el perfil productivo de la provincia a lo largo de todo el siglo (de 67% de la superficie cultivada en 1947 con cultivos industriales, se pasa a un 80% en 1960) (CFI, 1972). La población crece también exponencialmente promovida por la alta demanda de mano de obra de estos cultivos.

Pero este crecimiento productivo y poblacional se estanca hacia mediados de los años cincuenta cuando sin dudas la capacidad productiva de la provincia llega a su techo en relación a la demanda de sus productos.

Podemos hablar de dos tipos de agricultores básicos para Misiones. Mientras que a lo largo de la ruta 12, que bordea el río Paraná, se encontraba predominantemente un tipo de colono que podríamos homologar a un “campesino medio” o “mediano productor” (en términos relativos al tamaño y características de la producción de la provincia) con explotaciones de 50 hectáreas promedio; a lo largo de la ruta 14, que cruza Misiones por el centro, nos encontramos fundamentalmente con “campesinos pobres” o “pequeños productores cercanos a la subsistencia”, ocupantes en general de tierras fiscales, con un promedio de explotación de alrededor de las 25 hectáreas y una alta proporción de semiproletariado rural.

La tenencia de la tierra marcaba una tendencia que se repetía a lo largo de casi todo el territorio argentino a partir de una alta concentración de la superficie en grandes propiedades. El 15% de la superficie cultivada se correspondía con el 62,8% de las explotaciones entre 0 y 25 hectáreas; otro 12,9% de la superficie estaba ocupada por un sector intermedio entre 25 y 50 hectáreas que se correspondía con el 21,5% de las chacras y por último un extremo latifundista con explotaciones de más de 600 hectáreas que ocupaba el 52,2% de la superficie con solo un 0,7% de las explotaciones 2 . El grupo más fuerte de terratenientes lo constituían los empresarios forestales, llegando a tener por ejemplo hasta 60.000 hectáreas (3) . Esta distribución de la tierra marca una condición estructural de conflicto en la provincia en relación a la tenencia pero que sin embargo, y a diferencia de otras provincias del nordeste (Formosa y Corrientes) donde se organizaran movimientos agrarios, no representa en los hechos el principal foco de las protestas y la movilización. Es que para esos años, todavía quedaba el efecto de la política sustitutiva de importaciones que había hecho crecer el mercado interno para el cual producían fundamentalmente todos los pequeños y medianos productores de la provincia.

La yerba mate, el té y el tung, además de secundariamente el tabaco y los cítricos representaban los principales cultivos de la provincia y aquellos que los pequeños y medianos productores entregaban para el mercado interno. La yerba mate se concentraba en los departamentos de Oberá, San Ignacio, Apóstoles, Leandro Alem y Eldorado (centro sur y a lo largo tanto de la ruta 12 como la 14), con un 65% de la superficie cosechada con este producto en toda la provincia. Oberá y Cainguás a su vez, poseían más del 68% de la producción de té (Ferrara, 1973: 321). En estos ámbitos es donde nace el Movimiento Agrario de Misiones, lanzando reivindicaciones todas referidas a las características de la producción pero sobre todo de la comercialización de estos productos (precio, pago de remuneraciones atrasadas, competencia por importación, promoción de la exportación).

1 Cfr. Ferrara, 1973; Rozé, 1992 y Galafassi, 2005 - Red Internacional THEOMAI de estudios sobre Sociedad, Naturaleza y Desarrollo - http://theomai.unq.edu.ar

El Movimiento Agrario Misionero en los años setenta. Protesta, movilización y alternativas de desarrollo rural - Guido Galafassi (CONICET-UNQ) - Publicado en, revista ”. Revista Herramienta nº 38, Buenos Aires, 2008

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