La estructura agraria misionera con pequeños y medianos productores que se vieron arrastrados desde los años cuarenta a un proceso de diversificación forzosa (tung, tabaco, te y forestales) a raíz de la caída histórica de los precios de la yerba mate constituyen uno de los primeros rasgos que particularizan el proceso de movilización en la provincia de Misiones. Las pequeñas explotaciones con trabajo familiar y asalariado temporario y las medianas con asalariados permanentes coexistían con una burguesía agroindustrial de plantadores que incorporan procesos primarios de industrialización a través de secaderos, etc., consolidándose en los últimos años de la década del sesenta una burguesía agroindustrial de capitales regionales y con capitales mixtos ligados a intereses extraregionales. Es decir que junto a productores de reducido tamaño imposibilitados de un efectivo proceso de acumulación, existía un estrato de empresas que no solo actuaban en el proceso de comercialización (como en el caso del algodón) sino que también participaban de la fase de producción a partir de sus propias plantaciones. Esta clase empresarial, que en un principio se alía con los pequeños y medianos productores en el reclamo por las condiciones productivas, rápidamente se aleja al quedar formalmente conformado el MAM, para pasar a constituir luego uno de los sujetos hacía los cuales iban dirigidos los reclamos.
Esta estructura agraria con pequeños y medianos productores que venían padeciendo diversas dificultades para la colocación en el mercado de su producción a raíz de la caída histórica de los precios de la yerba mate y de las trabas en su comercialización, constituye uno de los rasgos destacados que particularizan el proceso de movilización en la provincia de Misiones. El cultivo de la yerba mate estaba regulado por organismos oficiales y regido además por un sistema de cupos de producción que definían tanto el precio de las cosechas como la forma de pago. La disminución en el consumo per cápita 4 así como una amenaza de superproducción agudizó la situación hacia fines de la década del sesenta. El sistema de cupos y de precios fijado por la CRYM creaba serios problemas financieros al productor tanto por reducción potencial en sus ingresos, dado que solo recibía un porcentaje del precio fijado (casi sin variantes desde hacía 20 años) contra entrega de la mercadería, como por lo prolongado del ciclo de reposición del capital al cobrar el saldo restante con una demora importante, pudiendo llegar hasta los dos años, situación que se agravaba dado el particular contexto inflacionario de aquellos años (Bartolomé, 1982).
A su vez, el Movimiento Rural desde mediados de los años sesenta venía desarrollando un trabajo relativamente similar al resto de las provincias del nordeste en donde habían terminado emergiendo las diferentes variantes de las Ligas Agrarias. Así, fueron logrando un proceso de reunión de las masas de pequeños y medianos agricultores, ayudando a promover la reflexión y discusión sobre su realidad y asentando, de esta manera, los primeros núcleos organizativos. En relación al movimiento cooperativo, existían también particularidades en la provincia de Misiones.
A diferencia del Chaco en donde la UCAL (Unión de Cooperativas Algodoneras) tuvo un papel primordial, fundamentalmente a partir de su sector juvenil, en la organización del movimiento de las Ligas Chaqueñas; en Misiones, mucho más que una unión de cooperativas se verificaba solo una Federación de Cooperativas que solo permitía coordinar algunas acciones y funcionar más efectivamente como corporación. Es que las cooperativas en Misiones son creadas fundamentalmente para fortalecer una oferta atomizada frente a una demanda creciente de décadas anteriores, desarrollando en una segunda etapa procesos agro industriales, lo cual las coloca en un relativo rango de poderío económico favoreciendo así la emergencia de un sector de “funcionarios de cooperativas”, que a la vez eran productores de explotaciones medianas (que usan necesariamente mano de obra permanente) generando las condiciones para crear un peculiar estrato de clase (Roze, 1992). Por lo tanto, esto llevó al “anquilosamiento” de una capa burocrática que terminaba defendiendo intereses propios sin consultar al conjunto.
La particular estructura agraria y la constitución de la trama de los diferentes sujetos del agro misionero se encadenaban a un proceso de fijación de precios regulado por el Estado a través de diversos mecanismos de negociación entre los distintos sectores de la producción en donde los subsidios directos o indirectos ocupaban un renglón importante en la matriz de la producción agraria. La tendencia a la concentración de la propiedad y la producción obligaba al pequeño y mediano productor a resistir a través de un proceso de diversificación de su producción entre la yerba mate, el tung y el té, agregándose también tabaco y citrus en los últimos años. Esto hacia que se viera enfrentado a sucesivas coyunturas a lo largo del año según cada uno de sus cultivos entraba en la etapa de fijación de precios.
Todo este marco de situación va configurando una crisis que afectará diferencialmente a los distintos sectores del agro misionero a través de un proceso de empobrecimiento de las capas más desprotegidas, pero que a diferencia de otras provincias del Nordeste, no se materializa a través de una expulsión de amplios sectores de pequeños productores ni de su proletarización masiva. La estrategia de la diversificación antes mencionada y el aumento del rendimiento por ha. son las respuestas que intentan dar los estratos inferiores de los productores agrarios misioneros. Así, la emergencia de movimientos agrarios en esta provincia obedece fundamentalmente a un “intento de poner fin a una caída en los precios de la producción agraria que afectaba a todos los cultivos y a una serie de problemas laterales, como pago de yerba de años atrasados, falta de créditos, altos precios de los insumos, etc.” (Roze,1992:65). Estos problemas mayoritariamente venían de un arrastre de varios años teniendo como consecuencia el mencionado empobrecimiento de las pequeñas y medianas explotaciones familiares, o por lo menos el mantener las tasas decapitalización y rentabilidad de años anteriores.
En un memorial que el MAM envía al gobernador 5 queda claramente planteada esta situación de crisis:
“El campo de Misiones, y por consiguiente toda su economía, se encuentra al borde de la quiebra. Desde varios años los precios de nuestros productos dejaron de ser remunerativos. Hoy, cuando todo ha aumentado en proporciones exuberantes, los precios de casi la totalidad de nuestros productos han disminuido considerablemente y ya no compensan los mínimos gastos. La crisis financiera que resulta de lo dicho anteriormente se ve agravada por los impuestos de toda clase, la obligatoriedad del seguro contra terceros, de los altos intereses, de la escasez de los créditos”.
Es en este contexto que a principios de 1971 se organiza un Comité Pro Defensa del Agro en Misiones reuniendo a una variada gama de sectores e intereses (Federación de Cooperativas de Misiones, Asociación Rural Yerbatera Argentina - ARYA, Centro Agrario Yerbatero Argentino - CAYA y los activistas del Movimiento Rural y sus cuadros agrarios). La diversidad de sectores sociales y fracciones de clase, con objetivos e intereses diferentes dificulta la proyección en el tiempo de este Comité. Por lo tanto, si bien concuerdan en algunas reivindicaciones mínimas, se dificulta el acuerdo en tanto algunas tendencias propongan profundizar el programa de reivindicaciones, afectando así a los sectores burgueses del frente. A fines de mayo se intenta realizar una movilización provincial de agricultores pero las organizaciones ligadas a los sectores y fracciones de clase de la burguesía agraria (ARYA y CAYA) junto a la, denunciada como burocrática, Federación de Cooperativas, impiden la coordinación imposibilitando así cualquier movilización popular (Ferrara, 1973: 319).
Finalmente y basándose en una mayor homogeneidad de intereses se crea el Movimiento Agrario Misionero el 28 de agosto de ese año a partir de una asamblea reunida en Oberá en la que participan 95 delegados en representación de 65 colonias. Se aprueban estatutos y se elige una Comisión Coordinadora Central. Los fundamentos y fines formalmente esbozados en el estatuto por las cuales se crea el MAM son los siguientes:
- (Debido) “a una situación económica social de injusticia que afecta a todas las familias agrarias, en especial a las de los pequeños y medianos productores;
- la falta de una organización de base que les permita constituir por medio de la unidad, un factor de influencia ante los sectores de decisión para conseguir soluciones de fondo a sus problemas;
- al gran éxodo de la juventud agraria de Misiones” (art. 3) Así, se propone “constituir el M.A.M. como instrumento de defensa, servicio y control de los intereses económicos y sociales de los agricultores” (art. 4) a través de los siguientes medios: “toma de conciencia de la realidad, capacitación, propiciar una renovación y un sano desarrollo del cooperativismo, crear organismos de servicios sociales para los socios” (art. 5)
De esta asamblea surge también un primer petitorio en donde se intentaba ya conjugar las reivindicaciones de los distintos tipos de colonos: fijación de precios con reajuste para la yerba mate, pago de las remuneraciones atrasadas por parte del mercado consignatario de yerba mate, prohibición de la importación de productos cultivados en el país, facilidades para exportar tung y té, otorgamiento de tierras a los campesinos pobres, todo esto dentro de un contexto de reclamos a través de los cuales se posicionaban antagónicamente frente a las estructuras monopólicas en la comercialización, industrialización, exportación e importación de yerba mate y té y, en segundo término, frente a la posesión latifundista de la tierra.
La organización y funcionamiento de las Ligas se estructuraba desde abajo, al igual que el resto de las organizaciones agrarias del Nordeste. Las colonias se eslabonaban a través de los núcleos de base, las comisiones de dichos núcleos y los delegados reunidos en asambleas como la máxima autoridad del MAM (equivalente a los congresos de las otras ligas provinciales). La Comisión Coordinadora Central pasaba a ser el órgano ejecutivo encargado de la implementación de las resoluciones adoptadas por las asambleas de delegados.
Los estatutos establecían que cada núcleo de base elegirá un delegado para la asamblea general por cada 100 socios, y además la autoridad máxima del núcleo será la asamblea de colonia. Delegados podían ser todos los agricultores de ambos sexos, siempre que no sean a la vez “acopiadores, secadores o industriales”. La asamblea general se reuniría “ordinariamente una vez al año y extraordinariamente cuando las circunstancias lo exijan, por convocatoria de la Comisión Coordinadora Central o por pedido del 20% de los núcleos de base”. La Comisión Coordinadora Central estaría formada por 7 miembros elegidos por la asamblea ordinaria siendo sus atribuciones principales “la realización de todas la tareas y la dirección de la marcha del movimiento siguiendo los lineamientos aprobados por la asamblea”
2 Estadística Básica, DEC, Misiones, 1973.
3 Ferrara menciona a Perez Companc con 60.000 hectáreas y a Celulosa Argentina como la mayor poseedora de tierras de la provincia.
4 Según Arrechea (1975) -citado en Bartolomé, 1982- el consumo había descendido de 8 kg. por año en 1951 a 4 kg. por año en 1970.
5 Memorial del MAM al gobernador de la provincia de Misiones, Diario El Territorio, Posadas, 13 de septiembre de 1971. - Red Internacional THEOMAI de estudios sobre Sociedad, Naturaleza y Desarrollo - http://theomai.unq.edu.ar
El Movimiento Agrario Misionero en los años setenta. Protesta, movilización y alternativas de desarrollo rural - Guido Galafassi (CONICET-UNQ) - Publicado en, revista ”. Revista Herramienta nº 38, Buenos Aires, 2008



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