La estructura agraria y la especialización productiva en el contexto nacional.

A lo largo del siglo XX, el Nordeste (excepto Corrientes)  fue el escenario del reparto de la tierra pública en grandes propiedades y de la colonización -tanto privada como estatal- que penetró en los espacios centrales de las provincias de Chaco, Formosa y Misiones apoyada en el proyecto de cultivar la propia tierra para el sustento familiar.

La organización económica del conjunto regional en el siglo XX funcionó en una dinámica dependiente del consumo local y de la intervención reguladora del Estado.

Existió el predominio de formas tradicionales y fuertemente ligadas a la disponibilidad de tierra, donde la desigual distribución de este recurso generó una mayoría de pequeños agricultores, especializados en cultivos exclusivos vinculados al mercado interno.

Desvinculados entre sí, generaron una mayor vulnerabilidad potencial a los cambios en la demanda interna, a las oscilaciones de precios y a las coyunturas meteorológicas desfavorables.

Desde principios del siglo XX se realizó sobre la base de las explotaciones familiares, de unas 20 hectáreas promedio, (15 en Formosa, 20 en Misiones, 10 a 30 en Chaco, 10 a 15 en Corrientes), que constituyeron la característica de la colonización agrícola en “lo que quedaba” del remate de la tierra pública a principios de siglo 

En un medio natural difícil, la gran mayoría de los colonos tomó el pedazo de tierra que podía trabajar y en ese proceso quedó establecido el perfil del sector agrícola regional, por la combinación de la escasez de tierra y la reducida capacidad económica de los ocupantes agrícolas (agricultura familiar)

A comienzos de la década de 1980, la situación agropecuaria del Nordeste era común a la descripta para el resto de las economías regionales: producciones de base agraria, con un predominio de explotaciones minifundistas, una especialización productiva (monoproducción) generalmente intensiva en el uso de mano de obra y dependiente de la evolución del mercado interno y, en el caso de los cultivos perennes como la yerba mate y el té, de la intervención sistemática del Estado a fin de atenuar el impacto de las recurrentes crisis de sobreproducción.

En los años 1990, con la apertura externa, el proceso de fijación de los precios de comercialización de todos los bienes quedó determinado por la cotización de los mercados internacionales. El Estado dejó de intervenir en el establecimiento de precios mínimos o en su determinación indirecta, además de abstenerse de precisar pautas de comercialización.

La situación agropecuaria del Nordeste argentino en 1997 (año en que las producciones agrícolas registran niveles récords) era definida como de “reconversión global de su perfil productivo, mediante ciertos procesos como la tendencia a la concentración de la tierra en mayores unidades productivas por compra entre productores vecinos, cambio de firmas por venta de estancias, arrendamiento de campos grandes para agricultura” 

A nivel de agricultores medios (productores familiares de norte de Santa Fe y Chaco, fruticultores y arroceros de Corrientes, yerbateros/forestadores de Misiones), el movimiento de reorganización productiva fue profundo.

A principios del 2000 con de la ampliación de la frontera, hizo su aparición potente la soja transgénica. Este cultivo alcanzó rápidamente la franja occidental del Nordeste por medio del desmonte y arrendamiento temporal de vastas áreas semiáridas que, beneficiadas por un coyuntural “ciclo húmedo”, posibilitaron la implementación del nuevo paquete tecnológico, caracterizado por su alta dependencia de insumos y su escaso requerimiento de trabajadores rurales.

En ciertas áreas del Nordeste  dieron lugar a procesos que implicaron la concentración de la tierra en mayores unidades productivas, el arrendamiento de campos agrupados (explotaciones linderas) para agricultura especulativa, el descenso de la demanda de mano de obra agrícola y de los puestos de trabajo en la agroindustria, la disminución del número de explotaciones y de la cantidad de productores y el creciente despoblamiento de las áreas rurales.

En relación con los indicadores fiscales y considerando la procedencia de los ingresos públicos en las 4 jurisdicciones que integran el Nordeste, la situación de dependencia de los aportes nacionales representaba más del 80% del total los ingresos recibidos en 2010. Esta generalización admite algunos matices, ya que en el caso de Misiones, el 19% de los ingresos eran generados por la provincia y el 81% eran provenientes de la Nación. ( Situación que no se ha modificado ) En el otro extremo, Formosa registraba un 94% de los ingresos fiscales provenientes de aportes nacionales.

CUARENTA AÑOS DE LO MISMO

El problema crucial que el Nordeste ha compartido en las últimas cuatro décadas con gran parte de las provincias argentinas es la limitada capacidad de crear condiciones para gestar un proceso económico dinámico que permita ampliar la oferta de bienes y servicios, mejorar la productividad, generar nuevos puestos de trabajo, incorporar nuevas tecnologías, insertarse en nuevos mercados, ampliar la oferta de bienes y servicios y dinamizar el tejido empresarial. 

Esto último obedece al hecho de que la actividad productiva y empresarial no es visualizada como una opción atrayente para los jóvenes que prefieren las opciones de empleo público asalariado (en las administraciones públicas provinciales o municipales) porque ofrecen una alternativa más atrayente en la medida en que significan mayor estabilidad y beneficios provisionales y cobertura de salud.

Según un estudio del Ministerio de Planificación de 2013, la economía regional se sostiene en buena medida por la prestación de servicios. El rubro de administración pública, enseñanza, salud y servicios personales contribuye con un 26% del producto bruto geográfico, seguido por la intermediación financiera y los servicios inmobiliarios y empresariales (17%) y la actividad comercial, de restaurantes y hoteles (12%). 

La industria manufacturera (12%) y la producción agropecuaria y forestal (11%) le siguen por su relevancia, aunque en algunas provincias constituyen la actividad con mayor peso detrás de la administración pública, como en Misiones (16%) y Formosa (13%). 

En Chaco y en Corrientes, la intermediación financiera aporta un 22% y un 20% del producto respectivamente: es el segundo sector en importancia. En estas provincias, por último, el aporte del sector agropecuario representa el 10% y el 11% respectivamente, del total. Los principales complejos productivos regionales son el oleaginoso, algodonero, yerbatero, tealero, frutícola (cítricos), forestal y el ganadero (bovino y ovino).

En 2011 la provincia de Misiones concentró el 40,8% de las exportaciones del NEA, seguida por Chaco (40,3%), Corrientes (15,9%) y Formosa (3,06%). A nivel sectorial, los cinco principales complejos exportadores aportaron, en conjunto, el 86% de las ventas externas regionales, variando su participación relativa respecto del período anterior. Los principales productos exportados corresponden a soja, fibra de algodón, tanino, pasta celulósica, té negro, tabaco burley, yerba mate y arroz.

Entre los principales mercados de destino de las exportaciones regionales en 2011, se destacan el MERCOSUR, con el 24% de los envíos (de los cuales rl 20% correspondió sólo a Brasil), China (17%), la Unión Europea (14%), Estados Unidos (10%) y Chile (5%).

ENFOQUE POBLACIONAL. 

En 2012, la media en estadística por hectáreas, según el RENAF era de 10 hectáreas, de las cuales se trabajaban 5,6 hectáreas según la misma medida estadística.

De acuerdo con la información proporcionada para la región, sobre un total nacional de 65.487 Núcleos de Agricultores Familiares, el Nordeste contenía 19.894 núcleos que significaban 74.827 personas; es decir, el 30% de los Núcleos de Agricultura Familiar del país, con el 31% de la población de los mismos.

El Nordeste es la región que registra el mayor porcentaje de población menor de 24 años que integra estos núcleos, ya que un 40% de su población pertenece a esa franja etaria, seguido por el Noroeste, con el 38,2% 

SUBSIDIOS

El Estado (a escala nacional y provincial) ha sustentado al sector mediante subsidios de distinta índole. La importancia que reviste el ingreso anual por transferencias públicas (Pensiones, jubilaciones, planes de asistencia de empleo, seguro de desempleo, asignación universal por hijo, u otros.), que en la región Nordeste alcanza al 80,7% respecto del ingreso total anual 

MODELO PRODUCTIVO

El predominio de agricultores familiares y producciones alternativas (agroecológicas, con agregado de valor en origen) puede transformar la región, en la que se han incrementado notablemente los mecanismos asociativos que promueven la comercialización (ferias francas, mercados concentradores, cooperativas de comercialización, etc.).

Persiste una subutilización del potencial agrícola y una escasa complementación agro-industrial de la producción regional. 


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